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Huelga necesaria y oportuna |
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Jueves, 22 de Marzo de 2012 12:00 |
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Anxo Guerreiro.
El próximo día 29 está convocada por UGT y CC OO una huelga general en España, que en Galicia contará también con el concurso de la CIG, con el fin de lograr la rectificación del Gobierno en su devastadora política de ajustes y, en particular, de la reforma laboral aprobada recientemente por el Ejecutivo, que persigue un modelo de relaciones laborales con menos derechos para los trabajadores, reducción generalizada de salarios y un poder omnímodo para los empresarios. Sin embargo, no conviene perder de vista que estas ominosas medidas se insertan en la ofensiva que los poderes económicos y los sectores conservadores han desencadenado desde hace años contra las conquistas sociales y los Estados de bienestar, ofensiva que adquiere su clímax al calor de la actual crisis económica. En efecto, hace mucho tiempo, incluidos los períodos de fuerte crecimiento, que desde los círculos económicos dominantes en el mundo se habla de anomalía europea del capitalismo y de euroesclerosis para definir nuestro modelo social. Y, como alternativa, los poderes dominantes proponen la supresión de las supuestas rigideces del mercado de trabajo y la necesidad de redimensionar el Estado del bienestar, que consideran excesivo e insostenible. Así pues, los intentos de desbaratar el pacto social y de desmontar los Estados sociales a los que aquél dio lugar vienen de lejos y la actual crisis es utilizada como una coartada más que como un argumento.
Por eso lo primero que destaca en el proceso de preparación de la huelga general es el intento de determinados sectores políticos y económicos de ocultar y desvirtuar los objetivos de la convocatoria sindical. Con práctica unanimidad, muy preocupante desde el punto de vista democrático, todos los medios del establisment han decidido sustituir el debate de fondo por una burda campaña de deslegitimación de las centrales sindicales, a las que los citados poderes económicos y los llamados mercados consideran el último obstáculo que hay que derribar para imponer un cambio de modelo social que acabe con las conquistas conseguidas a través de un largo y difícil proceso civilizador.
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Miércoles, 22 de Febrero de 2012 20:28 |
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Anxo Guerreiro.
Es ya muy evidente para la mayoría de la ciudadanía, como demuestran las masivas manifestaciones del pasado domingo, que la reforma laboral impuesta por el Gobierno del PP persigue un modelo de relaciones laborales con menos derechos para los trabajadores, más poder para los empresarios y la reducción de salarios. Para alcanzar estos objetivos la reforma utiliza varias medidas e instrumentos, tales como el despido más fácil y barato, la rebaja de salarios como estrategia de la llamada devaluación interna ante la imposibilidad de devaluar la moneda, el debilitamiento de la negociación colectiva, el aumento de la capacidad de decisión unilateral del empresario o el deterioro todavía más profundo de la contratación temporal.
Pero no satisfechos con todo esto, la CEOE propone ahora restringir el derecho de huelga y limitar el acceso al seguro de paro. En los años ochenta, con el Gobierno ultraliberal de Ronald Reagan, varios economistas formularon la doctrina necesaria para justificar la involutiva política social del Ejecutivo estadounidense. Profesores como Gilder, Laffer y sobre todo Charles A. Murray propusieron no solo la bajada de impuestos a los más ricos, sino que afirmaron que los pobres están empobrecidos y anclados en la marginación debido a las prestaciones sociales destinadas, se supone, a rescatarlos de su situación. Las ayudas, según estos predicadores neoliberales, se convertirían en sustituto del esfuerzo y la iniciativa personal, que serían los elementos que aportarían la verdadera solución. Por eso el doctor Murray propuso eliminar de raíz toda la estructura de bienestar social. Reconoció, sin embargo, que con tales medidas una parte de la población afrontaría un sufrimiento grave y, en un ataque de ánimo compasivo, defendió que se mantuviese la prestación por desempleo. Por lo visto, al inefable señor Feito, responsable de economía de la CEOE, Charles Murray debe de parecerle un peligroso izquierdista.
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Miércoles, 01 de Febrero de 2012 20:24 |
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Anxo Guerreiro.
Non é esaxerado afirmar que a asemblea do BNG, celebrada este fin de semana, enterrou o proxecto común que permitira nas últimas décadas aglutinar ao conxunto do nacionalismo nunha soa organización, posibilitándolle percorrer unha brillante traxectoria que lle levara das catacumbas a converterse nunha forza de Goberno. Se a todo iso engadimos que as alternativas confrontadas no conclave nacionalista dividiron á organización en dous polos practicamente iguais pero con proxectos que non só son diferentes, senón en aspectos nucleares antagónicos, podemos concluír, con independencia das declaracións retóricas dos contendentes, que a partir de agora será moi difícil manter a mínima unidade imprescindible nunha forza política.
En efecto, cando nunha organización, como acontece agora no Bloque, dúas correntes de similar dimensión difiren radicalmente na etioloxía da crise que atravesa a súa formación e, polo tanto, nas propostas para superala; cando ambas as dúas faccións formulan propostas incompatibles sobre cuestións básicas, tales como o proxecto económico, a valoración do Goberno bipartito, o modelo de autogoberno e a súa relación co Estatuto e a Constitución, o proxecto europeo, o modelo de Estado ou a política de alianzas, é moi difícil a súa continuidade política unitaria.
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Alemania impone "reparaciones de guerra" al resto de Europa |
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Martes, 31 de Enero de 2012 19:04 |
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Juan Torres.
Al acabar la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Versalles de 1919 hizo responsable a Alemania de "todos los daños y pérdidas" causados como consecuencia del conflicto y en su virtud le obligó a hacer frente a "reparaciones" millonarias que, después de diversos aplazamientos y anulaciones, terminó de pagar en octubre de 2010.
Muchos economistas y políticos de la época, y entre ellos el más famoso de entonces, John Maynard Keynes, mostraron que era imposible que Alemania pudiera pagar esas reparaciones sin empobrecerse trágicamente y sin que así se ocasionasen problemas peores que los que se trataba de resolver. E hicieron ver que incluso sería mucho más útil para los propios aliados promover el desarrollo de la industria y el comercio en Alemania que obligarle a hacer frente a unas cantidades que estaban completamente fuera de su mermada capacidad de pago. Con dramática lucidez, el economista inglés advirtió en su libro Las consecuencias económicas de la paz, que "si nosotros aspiramos deliberadamente al empobrecimiento de la Europa central, la venganza, no dudo en predecirlo, no tardará”. Así fue.
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